24 Horas Calabozo: Herramientas Mentales según Mi Propia Experiencia con la LIVG

Han vendido a la sociedad que la LIVG no se cuestiona y punto. No importa si es eficaz o no, la cuestión es que siga “alimentando” a los lobbies y siga siendo un buen rédito político… la violencia de género ha acabado siendo el discurso fácil e incuestionable de los políticos.

Yobana Carril

Cuando empecé a escribir este artículo en 2018 – unos días después de mi noche en los calabozos de la ciudad Las Palmas de Gran Canaria, el título era “Cómo Sobrevivir 24 Horas en un Calabozo Tercermundista – Mi excursión “todo-incluido” por los calabozos de Las Palmas de Gran Canaria” 

En ese momento pensé que era un título bastante divertido y provocativo que intrigaría a las personas a leer más.

Al reflexionar, creo que fue un poco simplista y, honestamente, un poco tonto, poco ingenioso y hasta estúpido.

El hecho de ingresar en un calabozo por la Ley de Violencia de Género es una experiencia grave y perniciosa para cientos de miles de hombres inocentes en España. 

Entonces…allá voy – algo más serio: 

Mi propio experiencia con mi noche en un calabozo

Se acercaban las vacaciones de verano. 

Y como cada año de esta época, sabíamos que algo pasaría en relación con mi hijo. 

Las vacaciones de verano siempre se adelantan con una sorpresa. No ha fallado en los años anteriores y siempre llegaba una denuncia justo para intentar evitar que mi hijo pasa unos días conmigo y mi familia. 

Es toda una unidad cósmica igual que el gofio no puede faltar en el potaje de berros.

Dos semanas antes de mi noche en el calabozo ya nos pusimos tensos. Habíamos dicho a mi hijo que le íbamos a llevar de vacaciones a Fuerteventura. Entonces ya esperábamos alguna carta de los juzgados. 

Esta vez no fue una carta, sino una llamada de la UFAM de Las Palmas de Gran Canaria. 

Le devolví las 5 llamadas después de la clase de yoga y me pasaron con el agente Javier. 

Chico amable, voz tranquila y educada.

Él me preguntó si tengo tiempo para acudir a la supercomisaría en Las Palmas de Gran Canaria ese mismo día sobre las 12 y media. 

Era solo para hablar sobre una denuncia me dijo, sin poder dar más detalles. 

Le dije que no tengo mucho tiempo porque a las tres de la tarde tenía que recoger a mi hijo del cole.

“No se preocupe, va muy rápido”, me confesó. 

En este momento no era consciente de cuánta razón tenía ese Javier con su propuesta .

Mi pareja y el hermano de la denunciante (y progenitora de mi hijo) me acompañaron como testigos a favor mío.

Mi primera vez en un calabozo

Cuando llegamos, nos pidieron el DNI en la entrada. Mientras el agente controlaba la documentación, Javier, ése con quién hablaba por teléfono por la mañana, bajó para recibirnos. 

Subimos juntos a su despacho. 

El trato de los agentes fue muy amable y amistoso. En fin, el típico “poli bueno” 

Más o menos dos horas de charla, preguntas, y papeleo junto con mi abogado, con vistas al mar. 

También hablábamos sobre Yoga, meditación y sobre ésta página que ahora mismo estás leyendo. 

Al final de todo me dijeron que tenía que quedarme esa noche sí o sí, aun sabiendo que no soy ningún maltratador.

Lo único que pudieron hacer es llamarme un jueves en lugar del viernes y así salvarme de todo un fin de semana en el calabozo, me confesaron.

Antes de bajar al calabozo, me aconsejaron pedir a los agentes del calabozo que me llevaran a un médico para que me diera pastillas para dormir la noche y otras pastillas contra la ansiedad.

Rechacé su oferta y les dije a los agentes que voy a aprovechar a meditar y que no hacía falta drogarme. 

Otros dos agentes (esta vez tipo “polis malos”) me recogieron y bajamos juntos en ascensor al sótano del edificio.

Tras cruzar el parking del sótano con sus lecheras, entramos en un ambiente que los fans de SAW reconocen. 

Solo faltaba la sangre en las paredes y trocitos de cuerpos tirados por las esquinas. 

Un mundo medio oscuro, azulejos por suelos y paredes como si te encontraras dentro de una piscina vacía y cubierta. Todo esto mezclado con el olor a diferentes excreciones humanas.

El sonido de la ventilación era muy alto, molestoso. Después de horas de escucharlo sin pausa te suena como si estuvieras sentado para toda la eternidad en un avión despegando.

En medio del sótano, en la sala principal, había una silla vieja de oficina como única decoración.

El agente Gruñón me dijo que me sentara. Cuando le dije que no hacía falta que llevaba sentado toda la mañana empujó la silla con el pie a la esquina de la catacumba y gritó: ¡Siéntate! 

Reconocía esa escena de pelis sobre el salvaje oeste de los 80s. Cuando un borracho vaquero de repente se levanta de la mesa de cartas, empuja la mesa y saca su pistola. 

Empezamos bien, pensé, y tomé asiento mirando hacia la ventanilla grande, donde esperaban los dos agentes a otro con papeleo.

Ése me llevó al siguiente pasillo, todavía con menos luz, mientras yo esperaba que en todo momento saliera Billy en su triciclo por alguna esquina. 

En el otro pasillo sentados dos agentes sentados detrás de una mesa. Rellenamos el papeleo. Que si tengo enfermedades, que si tengo alergias, que si necesito medicamentos…

Con cada metro que nos acercabamos a los calabozos, el olor a orina y vómito aumentaba.  

Tenía que firmar documentos, quitar los cordones de los zapatos, el cinturón y poner mis cosas personales dentro de una bolsita. Incluyendo mi mala tibetano. Les dije:”‘Lo necesito para meditar o piensan que me ahorco con una pulsera elástica que ni siquiera sirve para pescar?”

Un Agente me llevó a una celda abierta con muros a la altura de la caldera. 

‘Quítate los pantalones y baja a la sentadilla’ me dijo, como si hubiera tenido tiempo para meterme un cuchillo en el culo. 

Me llevó a otra sala para coger un colchón y una manta, antes de meterme en mi habitación para los próximas 24 horas. 

Una celda grande de unos 3×5 metros con elevación en el fondo para poder tumbarse. Los muros altos. Con la única luz floja del pasillo que entraba entre las rejas. 

Antes de encerrarme le preguntaba al agente si podría ir al baño. Me llevó a otro rincón del calabozo que era sinceramente lo más asqueroso que he visto en mi vida. Un agujero sucio para cagar en el suelo como en el siglo XIV. A lo mejor solía ser una especie de ducha, aunque no parecía. Para mear otro rincón detrás de un muro a la altura de la cadera. Todo esto sin puertas, ni luz.

Decidí aguantarme hasta el próximo día para evitar coger alguna enfermedad extraña. 

En silencio me preguntaba si todo esto está en acuerdo con la Convención Europea de Derechos Humanos…suponía que no, porque si fuese así, no estaría en ese calabozo. 

Por ejemplo Artículo 6. Derecho a un proceso equitativo: El apartado segundo establece la presunción de inocencia

Me encerraron en la celda junto con una botella pequeña de agua. Más tarde me trajeron un bocadillo y un Tetra brick tamaño niños con zumo de naranja. 

El bocadillo (y el desayuno la otra mañana) no me lo comí y lo saqué al día siguiente en secreto conmigo para hacerle una foto. 

Bocadillo Calabozo con carne mechada

Aquí estaba ahora en una cloaca que reconocí de documentales sobre cárceles en Manila, Cambodia y Nicaragua.

Pasaron unas cuantas horas en soledad, rodeado de cucarachas, excrementos humanos, con el único sonido alto y constante de la ventilación. 

De vez en cuando algunos gritos de mis vecinos en las celdas al lado, colocados de las pastillas que tomaron.

El tiempo ahí abajo pasa muy lento. Cuando me sacaron para tomar huellas pensaba que ya habian pasado 6-8 horas. 

Pues no…no fueron ni dos horas. 

Tomaron huellas y fotos mientras hablábamos sobre las denuncias falsas de violencia de género y el agente me dijo ’ya, lo tenemos cada día aquí, incluso tengo que tomar huellas de mis propios compañeros frecuentemente’ 

El día siguiente – Esposas y lechera

Sobreviví una noche con ese ruido de la ventilación y mis vecinos alterados. 

Ahora tocaba recoger la habitación: sacar el colchón y la manta. Nos hicieron esperar unos minutos en nuestras celdas con las puertas abiertas. 

Nos sacaron y nos pusimos en fila ante la salida.

Me pusieron (la primera vez en mi vida) esposas a la mano derecha. La otra mitad esposada a un vecino malote de la noche. Tipo Terminator, tatuado hasta el cuello (ha robado a sus abuelos), y nos llevaron a una lechera grande.

Dentro del la furgoneta te sientes como en una montaña rusa, pero en oscuridad total. No habia ventanas ni luz. Te encuentras como en un túnel estrecho sin poder moverte y no ves ni a tus compis al lado – sólo les hueles. Te costará respirar.

Es la primera vez en mi vida que he sentido miedo puro, ansiedad y claustrofobia. Me di cuenta que volar ya no es tan grave y ahora mismo preferiría estar en un avión incluso con turbulencias.

El olor a vómito dentro de la lechera era la prueba de que comparto mis emociones con muchos otros presos. 

Nos pusimos en marcha y solo por el movimiento en las curvas y conociendo la ciudad pude imaginarme que nos llevaban a la plaza del pueblo donde nos espera el turba con horquillas para ver el espectáculo de nuestro final en la hoguera ….

Bueno…claro que nos llevaron a los juzgados. Pero es más o menos lo mismo. 

Tras un camino de unos 10-15 minutos, salimos en el garage de los calabozos de los juzgados de Las Palmas de Gran Canaria. 

Todo nuevo y limpio, celdas más grandes y algo más de luz. 

Todas las celdas llenas de gente tanto hombres como mujeres. 

Me metieron en la última celda al fondo con 8 otros presos. Tuvimos tiempo de hablar un poco entre nosotros. Criminales, drogadictos, ladrones….cada uno con su historia de vida.

En medio de mi estancia me sacaron para poder hablar con mi abogada. Una sala con teléfonos a los dos lados de la ventana.

Desde la llegada hasta que me quedé solo, sacaron a mis compañeros de piso uno por uno. 

4 horas después me tocaba a mi. Fuí el último al que sacaron de la celda después de haber estado una hora solo y el agente me enseñó las esposas. 

Le pregunté con mirada aburrida: “¿En serio?” Me respondió: “Sí, lo siento mucho…las normas.” 

Esposado, me subieron al despacho del Juzgado de la Violencia contra la Mujer y me encontré sentado en una oficina frente a la jueza, el fiscal, los dos abogados y la funcionaria. 

El juicio rápido (cuando los funcionarios ya están emocionalmente en su fin de semana)

La jueza hizo algunas preguntas y saltó amenazas contra mi abogada ( como por ejemplo una multa de 400€ si ella seguía defendiéndome y quitarle del turno de oficio), a mí me gritó una vez ¡Cállese la boca! y me dejaron ir con una orden de alejamiento incluso de mi hijo.

Desde entonces han pasado casi dos años sin saber nada de mi hijo (que ahora tiene 7 años). (En un próximo artículo os cuento cómo vivir tanto tiempo sin tu hijo …y cómo aprovechar meses e incluso años para tu propio crecimiento) 

Después de aquel día muchos amigos y familiares me preguntaron cómo he podido aguantar esta situación. 

Aquí ya te dejo la respuesta y espero que te ayude por si te encontrarás un día en la misma situación. 

¡Prepárate!

4 Remedios Poderosos para poder sobrevivir una noche en un calabozo

1. Acepta tu situación y mantén la calma

«Si hay un remedio, ¿de qué sirve entonces la preocupación? Si no hay remedio, ¿de qué sirve entonces la preocupación?»

La frase hace referencia al hecho de que las cosas no serán nunca resueltas en el pasado ni en el futuro. Dedicar tu energía a anticiparlas o a lamentarte por ellas es simplemente absurdo.

Estás ahora mismo ahí encerrado en un calabozo. Hasta para mear tienes que pedir permiso y ahora mismo no hay nada que pueda sacarte de la situación. No tienes  – ahora mismo – ningún control sobre nada. 

Aferrarse a este estado temporal causa (todavía más) sufrimiento. El problema es nuestra tendencia a aferrarnos al pasado que es diferente del presente, o a aferrarnos a una visión del futuro que es diferente de lo que deseamos.

Nos sentimos mal porque las cosas no van como nosotros queremos. 

Créeme, no es el momento de luchar contra el mundo, porque te vas a perder en la irrealidad del miedo y la esperanza. 

Una vez que hayas aceptado que pasarás una noche en la cárcel, puedes pensar racionalmente sobre lo que debes hacer para hacer frente a una propuesta tan aterradora.

Aprende y vive esta ley universal:

Todo en la vida es temporal, surge y desaparece. Nada es para siempre… 

2. Medita

Fíjate tú….otra vez el tema meditación en un artículo mío. 

Pues si. Es uno de los métodos más poderosos para tranquilizar la mente. 

A lo mejor el más poderoso. Y sinceramente – ahora mismo en tu situación-  no te queda otra (A parte de pedir pastillitas). 

La decisión es tuya, por supuesto. 

La meditación más sencilla que puedes hacer es Anapana  – el primer paso en la práctica de la meditación Vipassana.

Anapana significa observación de la respiración natural y normal. Básicamente sentir el aire caliente cuando sale, el aire frío cuando entra.

Es nada más que llevar tu atención a tu respiración en vez de comerte el coco los pròximos 24 horas.

Anapana es una técnica fácil de aprender, objetiva y científica que ayuda a desarrollar la concentración de la mente. 

La observación de tu respiración es el objeto ideal para la meditación porque esto es lo único que llevas contigo ahora mismo. 

Anapana te da una herramienta para lidiar con

  • los miedos
  • las ansiedades
  • las presiones. 

Y créeme, son justo estas tres cosas que te pueden hacer la noche muy difícil. 

Además, te ayudará a calmar y concentrar la mente. 

Cierra tus ojos, mirada al tercer ojo (entre la cejas),  y céntrate en tu respiración y en los sentidos dentro de tu naríz.

Y mientras tanto, usa el siguiente método:

3. Lo siento. Perdóname. Te amo. Gracias.

Estas pocas palabras tienen un poder increíble sobre la mente. 

Hay cuatro pasos simples para este método, y el orden no es tan importante. El arrepentimiento, el perdón, la gratitud y el amor son las únicas fuerzas en el trabajo, pero estas fuerzas tienen un poder asombroso.

La mejor parte de este mantra del Ho’oponopono es que puedes hacerlo tú mismo, no necesitas que nadie más esté allí, no necesitas que nadie te escuche. Puedes «decir» las palabras en tu cabeza. El poder está en el sentimiento y en la disposición del Universo para perdonar y amar – a ti mismo! 

Haz un clic aqui par leer mi artículo sobre el Ho’oponopono

4 Entiende que tus sentimientos son una ilusión

Cuando entras la primera vez en un calabozo, vas a vivir y sentir una mezcla de emociones negativas. Entre ellos la rabia, el enfado, odio, la tristeza. 

Tienes que ser consciente de que estas emociones son solo excusas mentales para que no te das cuenta que tienes (simplemente) miedo. 

Es más fácil sentir la ira que reconocer tus miedos. La culpa de esto tiene la presión social en la que nuestros miedos están considerados como una vulnerabilidad, algo que nos hace débiles.

Explora tus miedos y se honesto contigo mismo. Porque nadie te va a ver sacando pecho en este momento. 

Cuando eres capaz de responsabilizarte de tus miedos, eres a su vez capaz de no juzgarte ante lo que sientes y experimentes.

5. Cuando te saquen la foto, visualiza esa foto de Nick Nolte

Confía en mí, te reirás de eso más tarde cuando te toca. Y te alivia un poco el dolor del momento.

Mantén la calma y la cabeza fría

Di a ti mismo que lo más probable es que solo sea una noche. Una vez que aceptas que pasarás una noche en un calabozo, puedes pensar racionalmente sobre lo que debes hacer para hacer frente a la situación.

Las herramientas arriba de pueden parecer ridículas, pero funcionan. Y si no quieres hundirte en el sufrimiento durante tu estancia en el agujero, te aconsejo que por lo menos lo intentes. 

Además, no tendrás otra cosa que hacer. No habrá nadie para jugar a las cartas. 

¡Suerte!

PD: Ya has estado en un calabozo y te gusta compartir tus consejos? Déja un comentario abajo.

 

 

 

3 comentarios en «24 Horas Calabozo: Herramientas Mentales según Mi Propia Experiencia con la LIVG»

    • No, ni una foto, te despojan de todo, además la poca luz no te permite leer, y no te dejan ni llevar las gafas porque consideran herramienta que puedes convertir en arma blanca.

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  1. He pasado por esa experiencia desafortunadamente en dos ocasiones, lo describes perfectamente, así es el protocolo para casi todos……si es cierto, la mente y el cuerpo se desconectan y unas horas te dan para pensar todo lo más bajo que un ser humano puede llegar a sentir, en mi caso tuve fortuna(conocía a algún funcionario y el trato no fue malo), pero la situación de las peores sin duda.Un saludo.

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